Guía gastronómica y de viaje de Florencia: qué comer y dónde
Florencia premia a quien llega con hambre. La cocina toscana es rústica y segura de sí misma: se sostiene sobre pan, legumbres, aceite de oliva y buena carne de res, no sobre salsas complicadas. Aquí tienes cómo comer como quien conoce la ciudad.
Platos para pedir
- Bistecca alla fiorentina — un grueso chuletón de raza Chianina, asado a la brasa muy poco hecho. Se vende al etto (por cada 100 gramos), así que una sola pieza da de sobra para dos o tres.
- Ribollita — una sopa espesa "recocida" de col negra, alubias cannellini y pan duro; más guiso que sopa.
- Pappa al pomodoro — un plato templado, casi como unas gachas de tomate y pan, el consuelo perfecto del verano.
- Lampredotto — la comida callejera emblemática de Florencia: cuarto estómago de vaca guisado lentamente, picado dentro de un panecillo jugoso con salsa verde. Mucho mejor de lo que suena.
- Schiacciata — pan plano y hundido con aceite de oliva, solo o abierto para bocadillos.
- Cantucci y vin santo — crujientes galletas de almendra mojadas en un vino dulce y ambarino, el final clásico.
- Gelato — busca heladerías pequeñas de colores apagados y naturales, no montañas esponjosas de tonos fluorescentes.
Dónde comer
El Mercato Centrale, en San Lorenzo, tiene arriba un animado patio de comidas y abajo un mercado de carniceros, queserías y puestos de verdura. Para algo más local, cruza el río hasta Oltrarno y Santo Spirito, donde los talleres artesanos conviven con trattorias honradas y bares de aperitivo en la plaza. El mercado de Sant'Ambrogio, al este, es donde compran de verdad los florentinos, con un sencillo y querido mostrador de comidas dentro.
Consejos prácticos
Pide la carne por peso total y compártela; medio kilo basta para dos. La comida del mediodía es la jugada inteligente: las trattorias familiares ofrecen menús del día mucho más baratos que la cena. Fíjate en las buchette del vino, esas pequeñas "ventanas del vino" abovedadas que antaño servían vino directo desde las bodegas de los palacios; algunas vuelven a despachar bebidas por la trampilla.
Muchas trattorias tienen cartas solo en italiano y sin fotos, así que fotografiar el menú para traducirlo hace que pedir aquel lampredotto deje de ser una apuesta. Súmale ganas de señalar y preguntar, y comerás de maravilla en Florencia.