Guía gastronómica y de viaje de Marrakech
Marrakech seduce con sus muros de barro rojo, el bullicio de la medina y un aroma constante a especias, pan recién horneado y carne a la brasa. La ciudad imperial es un festín para los sentidos donde la cocina marroquí, lenta y especiada, se sirve con la hospitalidad como ingrediente esencial.
Qué comer
El tajine, guiso cocido a fuego lento en su característica cazuela de barro cónica, es la estrella: cordero con ciruelas, pollo con limón en conserva y aceitunas o verduras con especias. El cuscús, tradicional de los viernes, llega coronado de carne tierna y caldo perfumado. Para empezar, la harira es una sopa espesa de tomate, lentejas y garbanzos.
- Pastilla: empanada hojaldrada agridulce de pollo o paloma con canela.
- Brochetas (kefta): pinchos de carne especiada a la parrilla.
- Té de menta: dulce y aromático, símbolo de bienvenida marroquí.
- Chebakia: dulce de sésamo y miel típico de celebraciones.
Dónde comer y un consejo
La plaza Jemaa el-Fnaa se transforma cada noche en un inmenso mercado de comida al aire libre: puestos humeantes de brochetas, caracoles y pan, numerados y llenos de ambiente. Alrededor, los zocos de la medina esconden pequeños comedores y terrazas con vistas. Para una comida tranquila, los riads ofrecen menús caseros en patios frescos.
Un consejo práctico: en los puestos y zocos el regateo es habitual y los precios rara vez están marcados, así que acuerda el importe antes de sentarte o de aceptar cualquier plato "de cortesía". Muchas cartas están en árabe o francés, sin español, de modo que fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a entender los ingredientes y a evitar pedir de más. Lleva efectivo en dírhams pequeños y termina siempre con un vaso de té de menta servido desde lo alto.