Praga sabrosa: guía de comida y viaje

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Praga es una ciudad de cuento con torres góticas, puentes sobre el Moldava y una de las mejores culturas cerveceras del mundo. Su cocina es contundente, pensada para el frío, y sorprendentemente económica. Aquí tienes lo esencial para comer bien.

Qué probar

El plato nacional por excelencia es la svíčková: solomillo de ternera con una salsa cremosa de verduras, servido con knedlíky (panecillos al vapor) y una cucharada de mermelada de arándano. Otro imprescindible es el gulash checo, un estofado especiado de carne, más espeso que su primo húngaro, también acompañado de knedlíky para mojar.

Para picar por la calle, no te pierdas:

  • Trdelník: masa enrollada y asada al carbón, espolvoreada con azúcar y canela.
  • Smažený sýr: queso frito empanado, un capricho callejero.
  • Klobása: salchicha asada con mostaza y pan.

Todo se riega con cerveza checa, ligera y fresca; el lúpulo de Bohemia es famoso en todo el planeta.

Dónde ir y cómo pedir

El Casco Antiguo (Staré Město) concentra las plazas más bellas, pero también los precios más altos y los menús turísticos. Camina unas calles hacia los barrios de Vinohrady o Žižkov para encontrar tabernas auténticas donde comen los praguenses.

Un consejo clave: en muchas cervecerías el camarero te traerá otra cerveza automáticamente en cuanto vacíes el vaso; deja un posavasos encima de la jarra para indicar que ya no quieres más. Revisa siempre si el cubierto o el pan se cobran aparte.

Conviene saber que las cartas suelen estar en checo, y rara vez en español, así que fotografiar el menú para traducirlo te permite entender cada plato y pedir con confianza. Con un poco de curiosidad, Praga te conquistará el estómago tanto como la vista.

Cuándo ir

La primavera y el principio del otoño son el punto dulce: días templados, luz larga sobre el río y jardines abiertos por Petřín y el castillo. De mayo a junio y de septiembre a principios de octubre dan el mejor equilibrio entre clima y gentío. Julio y agosto son calurosos y están llenos, aunque las cervecerías al aire libre están en su mejor momento. El invierno es frío y gris pero genuinamente atmosférico, con los mercados de Navidad de la plaza de la Ciudad Vieja y de Wenceslao desde finales de noviembre hasta principios de enero, entre vino caliente, salchicha a la brasa y humo de trdelník.

Notas prácticas

La moneda es la corona checa, no el euro: paga en coronas y, si el datáfono ofrece cobrarte en tu moneda, recházalo. Evita las casas de cambio del centro, cuyas tarifas se evaporan con la comisión, y saca de un cajero de banco. La propina ronda el diez por ciento, normalmente redondeando al entregar el pago, aunque conviene mirar la cuenta porque algunos sitios del centro ya añaden servicio.

El transporte público es excelente y barato: tres líneas de metro y una red densa de tranvías que sigue funcionando de noche con líneas propias. Valida el billete en la máquina amarilla al subir, porque los revisores son frecuentes y la multa se paga en el acto. Y una advertencia útil: evita parar taxis en la calle junto a los monumentos; pide por aplicación o que te llamen uno desde el restaurante.