Sevilla, guía gastronómica y de viaje por la capital de las tapas
Sevilla es luz, azahar y, sobre todo, tapas. La capital andaluza vive en sus barras: comer aquí es ir de bar en bar, picar pequeñas raciones y dejarse llevar por el ambiente. Pocas ciudades hacen de comer un plan tan social y alegre.
Qué comer en Sevilla
Las tapas son el alma de la ciudad y se piden para compartir mientras se charla de pie. Imprescindible el jamón ibérico, cortado fino y de sabor intenso, ideal con una caña fría. En los días de calor triunfa el salmorejo, una crema fría de tomate más densa que el gazpacho, coronada con jamón y huevo. Y desde la cercanía del Atlántico llega el pescaíto frito, pescado pequeño rebozado y frito en su punto justo. Acompaña todo con un fino o una manzanilla bien fríos.
- Tapas variadas: la forma sevillana de comer y socializar
- Jamón ibérico: el sabor más español, cortado a cuchillo
- Salmorejo: crema fría de tomate, refrescante en verano
- Pescaíto frito: pescado pequeño frito al estilo andaluz
Dónde comer y pasear
El barrio de Triana, al otro lado del Guadalquivir, es un clásico: cerámica, ambiente flamenco y bares de tapas con solera junto a su mercado. En el centro, las calles cercanas a la Catedral y el barrio de Santa Cruz también ofrecen barras animadas. Un consejo práctico: en muchos bares las tapas no figuran en una carta fija, sino en una pizarra que cambia a diario, así que pregunta por las sugerencias del día.
Conviene saber que algunas cartas y pizarras están solo en español andaluz, con nombres muy locales; fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a descifrar cada tapa antes de pedir. Así Sevilla se saborea tapa a tapa, sin perderte ninguna de sus especialidades.
Cuándo ir
De marzo a mayo y de octubre a noviembre son los meses acertados. La primavera es la ciudad a todo volumen: las procesiones de Semana Santa y, dos semanas después, la Feria de Abril llenan Sevilla por completo y ambas exigen reservar con mucha antelación. Julio y agosto son de un calor brutal, con frecuencia por encima de 40 °C, y la ciudad reorganiza el día entero a su alrededor: visitas temprano, una tarde larga con las persianas bajadas y la vida otra vez al caer el sol. El invierno es suave, soleado y barato, y el Alcázar y la catedral se disfrutan en lugar de sufrirse.
Notas prácticas
El centro histórico es compacto, en su mayoría peatonal y se recorre andando, aunque el calor del verano obliga a planear sombra y pausas. Hay un tranvía en un tramo central, autobuses para el resto y un sistema de bicicleta pública que funciona bien en los carriles llanos junto al río: Sevilla construyó una de las mejores redes ciclistas de Europa. Triana queda a diez minutos cruzando el puente.
Reserva en línea, con hora, el Real Alcázar y la catedral: en temporada alta las colas sin cita cuestan una hora o más. En la mesa, la clave sigue siendo el tamaño de la ración —tapa, media ración o ración— y el sitio donde te pongas, porque la barra, la mesa interior y la terraza tienen precios distintos indicados en letra pequeña. Las cocinas cierran entre comida y cena, y la cena empieza hacia las nueve.