Budapest en 3 días — itinerario por libre para primeras visitas
Budapest son dos ciudades a orillas de un río, y tres días bastan para dar un día a cada lado y que sobre uno. El truco está en tratar los baños termales como parte del itinerario y no como una buena idea para más adelante: hacerlos bien lleva tres horas, y son justo lo que la mayoría de visitantes acaba dejándose.
Día 1 — Pest: bulevares, mercado y el viejo barrio judío
Empieza en el Parlamento, junto al Danubio. Las visitas al interior van por turnos y se agotan, así que reserva si quieres entrar; el exterior y el paseo por la orilla son gratis y con la luz de la mañana ganan mucho. A pocos minutos, el memorial de los Zapatos a orillas del Danubio es breve y sobrecogedor, y la basílica de San Esteban tiene un mirador en la cúpula con una vuelta completa a la ciudad.
Sigue por la avenida Andrássy, el gran bulevar decimonónico, y viaja al menos una parada en la M1 que corre por debajo: la pequeña línea amarilla se inauguró en 1896, es de las más antiguas de la Europa continental y conserva el alicatado original. En la misma avenida está la Casa del Terror si quieres el siglo XX en detalle.
Come en el Gran Mercado Central: abajo, verduras, ristras de pimentón y embutidos; en la galería de arriba, los puestos de lángos. El lángos es un pan plano frito, con ajo restregado y cubierto de nata agria y queso rallado, que se come de pie y aguanta hasta la cena.
Dedica la tarde-noche al Distrito VII, el viejo barrio judío. La sinagoga de la calle Dohány es la mayor de Europa, y las manzanas de alrededor concentran la mayor densidad de comida callejera, bistrós y ruin bars de la ciudad. Estos bares nacieron en edificios de antes de la guerra abandonados, llenos de muebles desparejados y arte improvisado; los originales están hoy de lleno en el circuito turístico, pero el formato se ha extendido por todo el barrio y las bocacalles son mejores.
Día 2 — Buda: colina del castillo, Gellért y un balneario
Cruza el Puente de las Cadenas y sube a la colina del castillo: funicular, autobús 16 o quince minutos a pie. El Bastión de los Pescadores da la vista de postal hacia el Parlamento al otro lado del río; las terrazas se llenan entre las diez y las cuatro, así que cuanto antes mejor. La iglesia de Matías y los museos del castillo completan la mañana.
Comer en el lado de Buda es más tranquilo y más de siempre. Es un buen día para resolver el malentendido más común de una carta húngara: el gulyás es una sopa, caldosa y servida en cuenco. El guiso espeso de pimentón que casi todo el mundo llama goulash es el pörkölt, que se sirve sobre nokedli, unos ñoquis de huevo. Pide con esa distinción en la cabeza y te llegará lo que te imaginabas.
Por la tarde, sube a la colina Gellért hasta la Ciudadela para la panorámica más amplia y luego métete en unos baños. Széchenyi, en el parque municipal, es el gran complejo al aire libre con los jugadores de ajedrez; Gellért es el modernista; y Rudas conserva un núcleo otomano auténtico y una piscina en la azotea sobre el Danubio. Lleva bañador, chanclas y toalla —alquilar las tres cosas suma— y comprueba si la piscina que quieres exige gorro.
Los restaurantes de barrio y los comedores más antiguos cuelgan el menú del día junto a la puerta, escrito a mano y solo en húngaro, un idioma que no se deduce desde ningún otro. Fotografiar esa hoja y leerla en tu idioma es como acabas comiendo el pörkölt que comen los habituales.
Día 3 — Parque municipal, la isla o salir de la ciudad
Quedarte en la ciudad. Dedica la mañana al Városliget —el castillo de Vajdahunyad, la plaza de los Héroes y los museos de alrededor— y luego cruza a pie o en tranvía a la isla Margarita, el parque sin coches en mitad del Danubio, para dar una vuelta a la pista de atletismo y ver la fuente musical. Por la tarde, come donde comen los oficinistas: un étkezde o una menza, comedores con menú del día de sopa y principal a una fracción de los precios de restaurante. Termina en un café histórico del lado de Pest o con un crucero nocturno por el Danubio, el único paseo en barco de la ciudad que compensa su precio una vez se encienden los puentes.
Hacer una excursión. Szentendre queda a cuarenta minutos al norte en el tren suburbano HÉV: un pueblo barroco a la orilla del río, de galerías y calles adoquinadas. El Memento Park, en el extremo suroeste, reúne las estatuas de la época socialista retiradas de las plazas después de 1989. El recodo del Danubio, en Visegrád y Esztergom, da para un día más largo en autobús o en barco.
Cómo moverse
Cuatro líneas de metro, tranvías y autobuses cubren todo, y hay billete sencillo, taco de diez y abonos de 24 y 72 horas; valida antes de subir y cuenta con revisores a la entrada de las estaciones. El tranvía 2, por el malecón de Pest, merece el viaje solo por las vistas. El centro es llano y se camina; solo las colinas de Buda piden transporte.
Paga en forintos húngaros, no en euros. Usa cajeros de banco en vez de las casas de cambio del centro turístico, y rechaza cualquier datáfono que te ofrezca cobrarte en tu moneda. Mira la cuenta antes de dejar propina, porque muchos restaurantes céntricos ya incluyen el servicio.
Vale la pena nombrar una estafa concreta: una persona local y simpática invita a una copa a alguien que viaja solo, en un bar concreto, donde llega una cuenta absurda y el personal presiona para cobrarla. Elige tú el sitio, comprueba los precios antes de pedir y vete si un bar no quiere enseñarte la carta.
Cuánto presupuestar
Budapest es amable con el bolsillo para el estándar de Europa occidental. Un día realista incluye una comida de mercado o de comedor, una cena en condiciones, un abono de transporte, una o dos entradas y, el día de los baños, ese ticket, que será la partida más alta del viaje y vale cada forinto.