Ciudad del Cabo a la mesa: guía de comida y viaje

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Ciudad del Cabo, abrazada por la Montaña de la Mesa y dos océanos, es un crisol de culturas que se nota en cada plato. Su cocina mezcla raíces africanas, malayas, holandesas e indias en sabores especiados y reconfortantes. Esta guía te orienta entre tanta variedad.

Qué probar

El plato más icónico es el bobotie: carne picada especiada con curri, pasas y almendras, cubierta de una capa dorada de huevo, herencia de la comunidad malaya del Cabo. Imprescindible también es el braai, la barbacoa sudafricana, todo un ritual social donde se asan salchichas boerewors, costillas y maíz a la brasa.

Para comer rápido y con alma:

  • Bunny chow: medio pan ahuecado relleno de curri, originario de Durban.
  • Biltong: carne curada y secada, el aperitivo nacional.
  • Koeksisters: trenzas dulces fritas en almíbar.

Riégalo todo con un vino de las viñas cercanas de Stellenbosch o Constantia, de fama mundial.

Dónde ir y cómo pedir

El barrio de Bo-Kaap, con sus casas de colores vivos, es el corazón de la cocina cabo-malaya: aquí encontrarás currys aromáticos, samosas y rotis. El V&A Waterfront ofrece marisco fresco con vistas al puerto, mientras los mercados de fin de semana reúnen puestos de comida de todo el continente.

Un consejo al pedir: si te invitan a un braai, llevar tu propia carne y bebida es la costumbre, y la palabra lekker (delicioso) siempre cae bien. En restaurantes, la propina del 10% es lo habitual.

Aunque el inglés es común, muchas cartas usan nombres en afrikáans o xhosa que no suelen traducirse al español, por lo que fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a saber qué pides exactamente. Así Ciudad del Cabo se saborea sin barreras.

Cuándo ir

Ciudad del Cabo está en el hemisferio sur, así que su verano es el invierno europeo. De noviembre a marzo es cálido, seco y soleado, con días largos y el famoso viento del sureste que limpia el cielo y a veces cubre la Montaña de la Mesa con su "mantel". De diciembre a enero es temporada alta local: precios altos y reservas necesarias. De abril a mayo y de septiembre a octubre son las ventanas tranquilas y probablemente las mejores: clima estable, menos gente y precios más razonables. El invierno, de junio a agosto, es fresco y lluvioso, pero es cuando se ven ballenas en la costa de Hermanus y cuando los viñedos están más verdes.

Notas prácticas

La ciudad está muy dispersa y el transporte público no cubre lo que un visitante quiere ver, así que alquilar coche o usar aplicaciones de transporte es lo habitual; se conduce por la izquierda. El autobús MyCiTi funciona bien en los corredores del centro y hacia el Waterfront. Para la Montaña de la Mesa, el teleférico depende del viento y cierra sin previo aviso: sube el primer día despejado que tengas en lugar de dejarlo para el último.

La moneda es el rand, la tarjeta se acepta en casi todas partes y la propina ronda el diez por ciento, algo más esperada que en Europa. Es habitual dar unas monedas a los vigilantes informales de aparcamiento. Sobre seguridad, la versión sensata: evita caminar de noche por zonas poco transitadas, no dejes objetos visibles en el coche y pregunta en tu alojamiento qué barrios conviene esquivar, porque la respuesta cambia por calle y por hora.