Guía gastronómica y de viaje de París para primerizos
París se disfruta comiendo con calma. La ciudad se mueve a base de pequeños rituales: un croissant hojaldrado y un café con leche de pie en la barra, una baguette caliente bajo el brazo camino a casa, un almuerzo que se alarga toda la tarde. No hace falta reservar en una mesa famosa para comer bien. Algunos de los mejores bocados salen de una boulangerie de esquina o de una pizarra colgada a la entrada de un café cualquiera.
Qué comer
Empieza la mañana con bollería: un croissant sencillo o un pain au chocolat, mejor todavía templados. Al mediodía, compra en la panadería un jambon-beurre, el bocadillo de baguette con jamón y mantequilla, nada más, y cómetelo sentado en una plaza.
Para una comida en condiciones, busca estos clásicos:
- Steak frites: filete sellado con una montaña de patatas finas.
- Soupe à l'oignon: sopa de cebolla bajo una capa de queso gratinado.
- Escargots: caracoles al horno con mantequilla de ajo y perejil; más fáciles de lo que parecen.
- Crêpes: finas y dobladas, dulces con azúcar y limón o saladas con jamón y queso.
- Y para cerrar, un plato sencillo de queso y vino, pedido sin darle muchas vueltas.
Por dónde pasear
Le Marais concentra colas de falafel, patios escondidos y pequeños bares de vino en unas pocas callejuelas medievales. Saint-Germain-des-Prés es para tardes lentas en la terraza de un café, viendo pasar la calle. Para sentir el bullicio de mercado, recorre la peatonal rue Montorgueil, llena de queserías, puestos de ostras y fruterías, o entra en un mercado cubierto como el Marché des Enfants Rouges y picotea de puesto en puesto.
Consejos prácticos
Distingue bien: un bistró es pequeño y casero; una brasserie es más grande, más animada y sirve a todas horas. A mediodía, busca la formule o el prix fixe: dos o tres platos a precio cerrado y amable. En la panadería, respeta el turno, pide con cortesía y lleva monedas. En la terraza de un café pagas por el sitio y las vistas, así que acomódate y no tengas prisa por la cuenta.
Una nota sincera: en muchos bistrós los platos del día se escriben solo en francés en una pizarra, así que hacer una foto para traducir la carta hace que pedir sea mucho más fácil. Con algo de valentía y un menú traducido en la mano, París se abre plato a plato. Bon appétit.